
Ramón lleva años sin hablarse con su hermana. Para el mundo, es solo un conflicto familiar. Para sus células, es una falla en el sistema de telecomunicaciones. Si aceptamos que nuestras células son nuestra perfecta réplica en el mundo de lo diminuto, la pregunta que podríamos plantearnos es: ¿Qué consecuencias tiene este «silencio sepulcral» a nivel biológico?
La comunicación es el reino de Mercurio, el mensajero de los dioses. Nuestros billones de células están siempre mirando a su ‘líder’ (que en este caso es Ramón) para saber qué frecuencia emitir. Son nuestras pequeñas réplicas en miniatura. Ellas no juzgan, solo copian.
Es como tu sombra, ella te sigue a todas partes, hace lo mismo que tú, si te diriges hacia la derecha, allá va ella, si a la izquierda, lo mismo. No es posible que tu sombra vaya por un lado y tú por otro. Pues en tu mundo celular pasa lo mismo, aunque cueste a veces comprenderlo.
Si te intoxicas con pensamientos tóxicos, si reincides mucho, esta actitud puede derivar en una intoxicación, que quizás atribuirás al agua que consumes, a los alimentos, a las medicinas que tomas…o a cualquier cosa que te pase por la cabeza. Pero ¿y si resulta que las responsables son tus propias actitudes?
Si tú vibras en modo “cierre comunicacional” y reincides mucho, tus células hacen lo mismo. Es lo que en Alquimia Genética llamamos la “fractalidad descendente”.
Cuando Ramón corta el flujo con su hermana, sus órganos empiezan a imitarlo. A lo mejor el hígado deja de «hablarse» con el páncreas; el corazón ignora las señales del sistema nervioso. El mundo celular de Ramón deja de recibir con nitidez los edictos que emite su Yo Superior. Pierde el hilo con su «cielo” particular. Y su salud se resiente, que es exactamente lo que le está pasando.
Pero hay más…Como bien dice Nassim Haramein, somos el horizonte de eventos entre lo inmenso y lo minúsculo, entre lo macro y lo micro. Si Ramón levanta un muro en su realidad material (Malkuth para los cabalistas), es muy probable que exista una falta de comunicación similar con sus superiores jerárquicos o con las personas de las que depende.
Lo que ocurre «ahí fuera» es solo el eco de las órdenes emitidas desde nuestra propia cumbre. A veces el muro es tan alto y espeso que parece imposible de derribar. ¿Tendrían que esperar Ramón y su hermana a una próxima vida para nacer pegados físicamente (como siameses) y verse obligados a entenderse? ¡No hace falta llegar a tanto!
En Alquimia Genética no necesitamos derribar muros a martillazos en el mundo físico. Utilizamos el entrelazamiento de almas. Se trata de establecer una comunicación en el nivel cuántico, donde no existen los egos, ni los rencores, ni los muros. Es hablar de esencia a esencia para restablecer la paz en el mapa celular, sin necesidad de que la otra persona cambie su actitud en lo físico.
Sanamos nosotros, y sana nuestra biología y, por ende, el mensaje del «cielo» vuelve a fluir por nuestra fibra óptica interna. Hemos entrado en la era de la plena conciencia, con toda la información que tenemos a nuestra disposición, ya no podemos escudarnos en el consabido “no lo sabía”. Esa es la era del compromiso, con uno mismo primero, y luego con el colectivo.
A buen entendedor…
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Soleika Llop